Mi hijo no habla

Con esta frase encabezan muchos padres el motivo de la consulta y lo hacen con verdadera preocupación porque saben que la capacidad de hablar es una de las que más caracteriza al ser humano inteligente.

Cuando un niño, a los 2 años, no ha dado ninguna muestra de comunicación hablada, debemos empezar a buscar soluciones. En algunos casos, se trata de un leve retraso cronológico sin más trascendencia que a los dos años y medio o tres se habrá resuelto.

Pero, en muchos otros, este retraso en la adquisición del habla pone en manifiesto un problema de desarrollo y maduración cerebral.

Antes de hablar de las causas, es importante que sepan que hablar es una de las funciones más complejas que realiza nuestro cerebro. El gran circuito de lenguaje es una compleja trama de núcleos y redes neuronales que incluye estructuras relacionadas con el movimiento, núcleos de función rítmica, centrales de recepción e integración de las sensaciones, centro de integración de estas percepciones, estructuras relacionadas con los afectos y las emociones y muchas áreas relacionadas con el pensamiento.

Ser capaz de hablar se convierte, así, en sinónimo de haber desarrollado bien nuestro <<sistema  nervioso>> y ser capaz de usarlo adecuadamente.

Después de esta explicación es fácil deducir que las causas que pueden provocar un retraso del habla son múltiples. Destacamos las más importantes:

Problemas de psicomotricidad. Algunos problemas de desorganización de las psicomotricidad, especialmente en la etapa de suelo, dificultan el desarrollo de los movimientos finos y precisos, característicos de la articulación de la palabra. Por otra parte, pueden empobrecer la integración corporal y espacial y, con ello, unos de los parámetros más importantes de la referencia personal corporal, emocional y mental.

Problemas Sensoriales.  Es evidente que los problemas de audición y escucha afecten directamente el habla. Pero, también puede llegar a interferir el habla algún topo de disfunción visual o de integración perceptiva general. Destacamos especialmente, la importancia que tienen las otitis agudas repetitivas o las crónicas que, en el menor de los casos, provocan una distorsión de la percepción del sonido y, en el mayor de los casos pueden llegar a provocar auténticos bloqueos cerebrales, especialmente de las áreas de lenguaje.

Problemas de ritmo.  La falta de orden, la irritabilidad infantil, los problemas graves de sueño, los de atención o la falta de estabilidad dificultan el grado de ordenación neuronal necesaria para ser capaz de hablar y hacerlo bien.

Problemas emocionales.  Para que un niño hable, antes que anda, necesita sentir el deseo de comunicarse con sus semejantes. Esto explica que los problemas afectivos y emocionales graves, sea cual sea su origen, pueden afectar el ritmo de desarrollo y la calidad de organización del habla.

Destacamos los casos de niños desarrollados en situaciones de aislamiento, separados de la familia, los que padecen problemas graves de celos, lo que forman parte de un núcleo familiar muy inestable, los que tienen problemas graves de miedo, marcada inseguridad, etc.

Problemas mentales.  La dificultad para hablar es uno de los indicadores de gran patología del <<sistema  nervioso>>. Es una de las características del autismo, pero no exclusiva, ya que todas las enfermedades que dificultan el desarrollo de la inteligencia y el pensamiento, obstaculizan el desarrollo del habla.

En todos los casos de niños que no hablan a los dos años, no deben dejar el problema en manos del paso del tiempo. Y es importante que, antes de aplicar un programa de logopedia general, se averigüe la causa del problema y se aplique un tratamiento causal.

Salvo algunas excepciones, los resultados que se obtienen después de aplicar un programa de tratamiento depende del momento en que se empezó a aplicar y de que este consiga resolver o modificar la causa del problema.